La familia es un fenómeno que existe desde los comienzos del género humano. Según la enseñanza de la Biblia, Dios, habiendo creado Adam, creó una compañera para él y dijo: "seáis fecundos, multiplicados y colmad la tierra y dominadla" (Gén. 1:28).

Como consecuencia de la caída pecaminosa de las personas la ley normal de la vida familiar natural se tergiversó. En ella penetró la ley de la carne, a causa de la cual el objetivo de la vida familiar pasó a ser, principalmente, la concupiscencia carnal, mientras que los otros objetivos: el recorrido conjunto del camino de la vida, el nacimiento y la crianza de los hijos pasaron a un segundo plano, o hasta se ignoraron completamente. El cristianismo, aparecido para la erradicación del mal en el mundo y para establecer en la vida nuevos principios del espíritu, cambió la visión de la vida familiar conyugal. Antes que nada confirmó la ley inicial del matrimonio como la unión inseparable entre los esposos. El Salvador dijo a los fariseos: "no habéis leído acaso que aquel que creó en un principio, los creó varón y mujer" (Gén. 1:27), y dijo: "por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán (dos) una sola carne" (Gén. 2:24), "dé manera que no serán ya dos, sino una misma carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe" (Mateo19:4 -6). Luego, para salvar al hombre de la concupiscencia carnal, enemiga de la vida familiar pura, el cristianismo señaló dos maneras de luchar contra ella: una radical - a través de la abstinencia total, es decir, la castidad y la otra - a través del matrimonio cristiano. Pero la primera de estas maneras no es accesible a todos, como dijo Jesucristo: "ya que hay castrados que nacieron así del vientre materno, y hay castrados que lo fueron por los hombres, y los que hay que se castraron a sí mismos a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender que entienda!" (Mateo19:12). El matrimonio cristiano consiste en que los esposos, uniéndose mutuamente por la fe en el sacramento del matrimonio, reciben la gracia de Dios que les ayuda a recorrer el camino conjunto de la vida de una manera santa, a luchar contra la pasión en el acto del nacimiento de los hijos y a educarlos cristianamente. Del matrimonio como sacramento habla claramente el apóstol Pablo cuando reproduce las leyes de la vida conyugal: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán dos en una misma carne," y agrega: "Este misterio grande es; mas yo digo esto con respecto a Cristo y a la Iglesia" (Efesios 5:32). "Misterio" - en griego mistirion - significa literalmente sacramento.